Aburrimiento.

- Que aburrimiento.
Era la cantinela de siempre. Mary estaba sentada en el sofá mirando la nada. Sus padres daban vueltas de aquí para allá, sin nada que hacer.
Mark observaba los cuadros de las paredes por millonésima vez. Era él el que había formulado la famosa frase aquella vez.
- Habértelo pensado antes de hacer lo que hiciste - gruñó el padre de Mary, Arnold, desde la cocina.
- No fui yo, vale? Es la raza humana, sábeis? Esos seres están cargados de maldad, yo solo fui una víctima. No veis? Ahora estoy liberado de todo aquello - sonrió Mark. Mary puso los ojos en blanco.
- Oh, que bien, enserio. Y tenías que matarnos a los tres para que fuéramos testigos de tu purificación? - le miró con reproche la chica. Mark bufó.
- Ya he dicho que lo siento. Estaba mal de la olla, vale? Ya he recibido mi castigo por ello. No es que sea precisamente un placer estar encerrado en una casa con tres inglesitos quejicas por el resto de la eternidad.
- Si un estadounidense estúpido no hubiera aparecido por casa a las tres de la mañana con un hacha las cosas hubieran sido muy distintas - gruñó Melissa, la madre de Mary.
- Estoy deseando que los de Comité de Regulación de Almas nos encuentren - suspiró Mary - ya casi llevamos... ocho años aquí.
- Mirad! Ahí viene Wallie! - sonrió entusiasmado Arnold.
El hombre que venía a hacer la limpieza a la casa una vez a la semana se asomaba por el final de la calle. Era de las pocas veces que tenían algo de entretención en su eterno descanso.
Pasaron un par de minutos y una llave se metió en la cerradura. La puerta se abrió.
- Wallie, amigo! - exclamó Arnold, intentando abrazarlo. Las tres almas restantes se acercaron.
Walter, el pobre anciano, sintió una muralla de aire frío con solo entrar allí. Vió con sus propios ojos como la revista que había encima de la mesa se movía un poco como si alguien pasara al lado de ella. Intentó respirar con tranquilidad.
- No os tengo miedo! - exclamó el hombre. Los espíritus rieron de buena gana.
- Y no nos lo tendrías que tener, buen amigo. Quieres... - con todas sus fuerzas Mark intentó agarrar una silla y empujarla hacia Wallie, consiguiendo que se moviera unos centímetros - tomar asiento? - al anciano parecía que le fuera a dar un ataque - supera eso - desafió el chico a Mary. Ella rió.
- Eso es lo único que tienes? Mira - la joven se puso enfrente de Wallie, mirándolo fijamente. Entonces el hombre abrió muchos los ojos y gritó.
- Renuncio! Cagoen...! - cogió su cubo para fregar y se fue sin ni siquiera cerrar la puerta.
- Podrías haberlo hecho un poco más adelante, no? Ni siquiera tuvo tiempo a entrar el pobre! - gruñó Melissa.
- Dudo que vuelva. Hacer una aparición... tú ganas Mary. No puedo competir contra eso - suspiró Mark. La chica sonrió burlona.
- Lo sé.

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