Historia de Año Nuevo

El anciano Nicolás estaba a punto de tirarse por la ventana. Se encontraba en su cama, eran las tres de la mañana, pero no podía dormir debido a los petardos, gritos, canciones y otros ruidos provenientes de la fiesta que había en la calle.
Sabía que tenía que cambiarse de barrio a uno más tranquilo, pero no lo hacía por el valor sentimental que tenía aquel departamento. En aquel piso había criado a sus tres hijos, que le mensajeaban diariamente pero que no podían venir a visitarle ya que vivían muy lejos. Nicolás también había tenido una mujer, que había muerto hace varios años.
No podía aguantar más. Decidió bajar y decirles a aquellos insensatos y maleducados jóvenes que llevaran la fiesta a otro lado.
Cuando llegó a la planta baja se dio cuenta enseguida que era completamente inútil decirles nada. Había cientos y cientos, reunidos de todas las partes de la ciudad. Nicolás lamentó una vez más haberse mudado al centro.
Salió del portal y no pudo hacer más que poner mala cara.
Entonces una pareja de jóvenes que vivían en su edificio se acercaron a él con varias cervezas en sus manos.
- Buena… madrugada, señor Nicolás. Quiere? - le ofreció. El anciano se negó rotundamente. - Venga hombre, es Año Nuevo! Un cambio no le vendrá nada mal.
- A Gladys no le gustaba que bebiera… - gruñó el viejo. Uno de los jóvenes, llamado Juan, bufó sonoramente.
- Tiene que darse cuenta de una vez que su mujer esta muerta y enterrada. Lo que yo creo que no le hubiera gustado a la señora Gladys es que se volviera un amargado y no disfrutara de los pocos años de vida que le quedan, no es por mal. - su novia, Paula, asintió con la cabeza.
Nicolás los miró a los dos unos instantes, pensando en lo que le habían dicho y algo indignado por como habían hablado lo de su mujer. Pero decidió tomárselo de la mejor manera posible, suspiró y aceptó la botella. Al fin y al cabo tenían razón.
Antes de que se diera cuenta estaba rodeado de adolescentes y veinteañeros que bebían y reían. No sabía si era por culpa del alcohol, pero se sentía lleno de vida, cosa que no le había pasado desde que murió su mujer. Les contó a esos chiquillos su historia, que hizo que a algunos que iban más borrachos de la cuenta les saltaran las lágrimas.
- Pero es año nuevo, su oportunidad de empezar de cero. Que su mujer no haya podido seguir disfrutando de la vida no significa que usted no pueda hacerlo. No digo que se venga a los botellones, la verdad es que se ve un poco raro siendo de los pocos viejos de la fiesta y más en pijama. Salga de casa, vaya a ver películas, juegue a las cartas en los centros cívicos, haga deporte, pinte, escriba… esa mentalidad de ‘’mi vida muere con Gladys’’ es muy poco inteligente. Usted no puede echarse a morir, aún le quedan varios años por delante. A partir de ahora va a cambiar, verdad? - a Nicolás le retumbaron aquellas palabras en su cabeza, y algo aturdido por el alcohol, asintió.

Se despertó.
En cama se quedó meditando un largo rato sobre lo que había ocurrido en su sueño. Era todo tan real… Se estiró y se dio cuenta que tenía una nota en el edredón de la cama.
‘’Año nuevo, vida nueva’’
Aquel día Nicolás se hizo una promesa de aquellas que no se pueden romper por nada del mundo. Cambiaría. 
En los meses siguientes el anciano había escrito un libro, aprendió a cocinar, viajó a países que siempre había soñado con visitar, creó su propio huerto de hortalizas en el piso, iba al aquagym, compraba entradas para El Club de la Comedia, con el que realmente se desternillaba de risa. Finalmente era feliz de nuevo. Sus hijos se alegraron mucho al saber que ya no se quedaba encerrado en el piso semanas enteras, y hasta se animaron a ir a visitarlo un par de veces.

Aún ahora Nicolás sigue disfrutando la vida, y lo que ocurrió hace años ahora él lo recuerda como un ‘’Milagro de Año Nuevo’’

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