Marginada
- Buenos días - sonrió con los labios temblorosos Rose. El chico la miró unos instantes y siguió de largo, como si no existiera.
La chica se tragó sus lágrimas mientras avanzaba por el pasillo. Veía a chicas hablando con sus amigas, chavales bromeando entre ellos y parejas tomadas de la mano. Parecía la única que estaba sola. Completamente sola.
Dejó sus libros en la taquilla y se dirigió a uno de los baños. Allí había un grupo de unas cinco chicas formando un corro. Sonreían y reían. Rose, al verlo, no pudo evitar sollozar. Ellas eran sus amigas. Las que le habían prometido fidelidad eterna y completa admiración. Ahora ni siquiera se daban cuenta de que estaba ahí.
Rose se miró al espejo. Era realmente preciosa: la piel clara como la nieve cubierta de pecas anaranjadas. El pelo, oscuro como la noche cayéndole bajo los hombros. Y esos ojos que tantos corazones habían roto, de un azul tan intenso como el cielo en verano. Ahora nadie los miraba. Por qué, por qué?
- Sabéis? Hoy se cumple un año desde que Rosalie murió - comentó con desdeñosa indiferencia Caroline, una de las chicas.
- Vais a ir a llevarle algo? - preguntó otra que se llamaba Charlotte.
- Para qué? Ya no tenemos que lamerle el trasero. - sonrió maliciosamente Julie, la que era la mejor amiga de Rose cuando vivía.
- Menos mal que está muerta, no la aguantaba más - comentó Lauren, imitando como Rose pestañeaba para presumir de sus grandes ojos y enamorar a los chicos, haciendo que pareciera de lo más patética. Las demás rieron.
Jamás se acostumbraría a oír esas cosas. No podía parar de llorar, pero las incesables lágrimas no le estropeaban el eterno maquillaje que llevaba desde el día que murió. Cuantas tiempo más tendría que aguantar esto?
Entonces entró Chloe. Era muy menuda, llevaba gafas de tapa de botella y su pelo era lacio y rubio. Aunque no era ni la mitad de agraciada que Rose, si que tenía muy buen corazón, algo que carecía completamente Rosalie, aunque nunca lo reconociera.
Venía acompañada de sus únicas amigas, Maura y Diana, dos chicas que aunque no eran populares ni tenían una belleza sorprendente eran muy simpáticas. Las tres estaban unidas como hermanas.
Recordó como, cuando estaba viva, las había ridiculizado a las tres llamándolas marginadas, porque solo se tenían a ellas. Se sorprendió al verlas tan felices, y se notaba que se querían muchísimo y que su amistad era verdadera. Nunca habría reconocido esto, pero en ese momento sentía celos de Chloe. Ojalá hubiera sido un poco más como ella, así no tendría que estar cumpliendo su castigo eterno: ser completamente ignorada por el mundo.
La chica se tragó sus lágrimas mientras avanzaba por el pasillo. Veía a chicas hablando con sus amigas, chavales bromeando entre ellos y parejas tomadas de la mano. Parecía la única que estaba sola. Completamente sola.
Dejó sus libros en la taquilla y se dirigió a uno de los baños. Allí había un grupo de unas cinco chicas formando un corro. Sonreían y reían. Rose, al verlo, no pudo evitar sollozar. Ellas eran sus amigas. Las que le habían prometido fidelidad eterna y completa admiración. Ahora ni siquiera se daban cuenta de que estaba ahí.
Rose se miró al espejo. Era realmente preciosa: la piel clara como la nieve cubierta de pecas anaranjadas. El pelo, oscuro como la noche cayéndole bajo los hombros. Y esos ojos que tantos corazones habían roto, de un azul tan intenso como el cielo en verano. Ahora nadie los miraba. Por qué, por qué?
- Sabéis? Hoy se cumple un año desde que Rosalie murió - comentó con desdeñosa indiferencia Caroline, una de las chicas.
- Vais a ir a llevarle algo? - preguntó otra que se llamaba Charlotte.
- Para qué? Ya no tenemos que lamerle el trasero. - sonrió maliciosamente Julie, la que era la mejor amiga de Rose cuando vivía.
- Menos mal que está muerta, no la aguantaba más - comentó Lauren, imitando como Rose pestañeaba para presumir de sus grandes ojos y enamorar a los chicos, haciendo que pareciera de lo más patética. Las demás rieron.
Jamás se acostumbraría a oír esas cosas. No podía parar de llorar, pero las incesables lágrimas no le estropeaban el eterno maquillaje que llevaba desde el día que murió. Cuantas tiempo más tendría que aguantar esto?
Entonces entró Chloe. Era muy menuda, llevaba gafas de tapa de botella y su pelo era lacio y rubio. Aunque no era ni la mitad de agraciada que Rose, si que tenía muy buen corazón, algo que carecía completamente Rosalie, aunque nunca lo reconociera.
Venía acompañada de sus únicas amigas, Maura y Diana, dos chicas que aunque no eran populares ni tenían una belleza sorprendente eran muy simpáticas. Las tres estaban unidas como hermanas.
Recordó como, cuando estaba viva, las había ridiculizado a las tres llamándolas marginadas, porque solo se tenían a ellas. Se sorprendió al verlas tan felices, y se notaba que se querían muchísimo y que su amistad era verdadera. Nunca habría reconocido esto, pero en ese momento sentía celos de Chloe. Ojalá hubiera sido un poco más como ella, así no tendría que estar cumpliendo su castigo eterno: ser completamente ignorada por el mundo.
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