Papel Higiénico

Sara tamborileó con los dedos la mesa. Le preguntó al chico de atrás que hora era. Estaba nerviosa, porque sabía que tarde o temprano le pedirían los deberes que ella no tenía hechos.Aún faltaban veinticinco minutos para que acabara la clase.
En esos momentos tres niños pidieron para ir al baño desde su clase, 2ªA, 2ªB y 2ªC. Eran exactamente las 10:55 de la mañana.
Entraron al baño. Cuando estuvieron reunidos, salieron otra vez.
No les costó mucho entrar en el almacén del instituto. Había rollos y rollos de papel higiénico, tantos que cualquier alumno se habría sorprendido. Máximo cogió la vela arómatica que tenía puesta la conserje en una de las estanterías y encendió la mecha con el mechero. Tomás y Jorge, mientras tanto, cubrían bien con unas placas metálicas el techo y las paredes de la pequeña habitación.
Los chicos salieron de la sala, excepto Máximo, que empujó con un brusco movimiento la vela que se precipitó hacia el montón de papel higiénico.
Dejaron con cuidado la puerta entreabierta para que saliera más rápido el humo e hicieron como si acabaran de salir del baño. Se lavaron las manos y tiraron de las cadenas antes de dirigirse cada uno a su respectiva sala.
Sara observó como su novio entraba a clase y se sentaba en su pupitre con expresión serena. Jorge le devolvió la mirada y le guiñó el ojo. La chica sonrió para sus adentros.
Como si esa hubiera sido la señal, el cerebro de la profesora de lengua hizo que recordara algo. Se giró hacia la chica, que se quitaba de la negra ropa los restos de goma.
- Sara, trajiste los ejercicios que te pedí?
Tragó saliva. Si se hubiera acordado tres minutos más tarde... miró a la profesora como si no entendiera.
- Cómo? - pestañeó varias veces, dándose un aire inocente.
- Los ejercicios, Sara. No los trajiste?
- Sí si, por supuesto que los tengo - sacó su carpeta con la mandíbula apretada. Empezó a rebuscar con la mayor naturalidad que le fue posible. Si no se los entregaba iba a tener un parte, y si le entregaba a su madre el parte no tendría dinero para ropa ese mes. Un alarido despertó a la chica de sus pensamientos.
Jorge rodaba por el suelo con las manos en la cabeza. La profesora de lengua se levantó, alarmada, y fue a ver que le pasaba. "Mi cabeza, mi cabeza" exclamaba. En ese momento Sara estuvo segura de que tenía el mejor novio del mundo.
- No olís a humo? - exclamó una chica de gafas sentada atrás del todo, muy cerca de la puerta.
En ese mismo instante sonó la alarma de fuego en el pasillo.
Una a una, las puertas de las clases se abrieron con gran estrépito. Los profesores fueron corriendo a ver lo que ocurría en el almacén mientras los alumnos armaban un alboroto tremendo, queriendo saber que pasaba.
Aunque no hacía falta tanto, evacuaron a todos los niños del pasillo al salón de actos. Máximo y Tomás se acercaron a Sara y Jorge, que estaban abrazados.
- Gracias - les dijo la chica a sus amigos.
- No es nada - sonrió Tomás
- Si no vuelves a hacer los deberes, avísanos para inundar el pasillo o algo. - bromeó Máximo.
Los cuatro chicos rieron.

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