Hielo
- Mira, está ahí.
Iker giró la cabeza. Irene acababa de salir del instituto. Enseguida sacó el teléfono móvil y lo encendió. Se quedó algo apartada, esperando por un amigo para irse juntos a casa. El chico la miró con detenimiento un buen rato, hasta que empezó a sentirse incómoda. Sus miradas se juntaron, pero Irene apartó la vista al sentir el contacto visual. Iker miró a los lados. Ellos eran cuatro, ella una sola. Sería fácil intimidarla.
- Vamos - ordenó. Los cuatro muchachos se acercaron a ella con paso firme. Parecía algo asustada. Intentó actuar con naturalidad sacando el teléfono y enviando mensajes, aunque aún miraba de reojo por si se acercaban, que era lo que estaban haciendo.
- Eh! Irene, guapa - ella los miró, desafiante. Tenía los ojos enmarcados de negro algo entrecerrados, como escrutando cada uno de sus rostros.
- Qué quereis? - pestañeó varias veces. Normal que sospechara. Ellos eran populares, y le sacaban un curso. Probablemente, no habían hablado más que alguna vez en los descansos.
- Tranquila, no es nada malo - Lucas, a la derecha de Iker, tosió para esconder una risa. - Tienes un momento?
- Supongo - estaba recelosa. Parecía que podía leerles la culpabilidad en la cara. Aún así, el chico intentó actuar con naturalidad - pero aquí cerca.
- Claro, claro - asintió Julián - vamos al supermercado que está a una calle de aquí.
Empezaron a andar. Irene se mantenía algo alejada de Nico, el más grande y feo de todos. Era de esperarse, porque la cara de violador no se la quitaba nadie. Lucas, el más guapo, se mantenía cerca de ella siguiendo el plan que habían hecho. Sabían que la chica sentía una especie de debilidad por él y que no se negaría a nada que el le dijera.
No tardaron mucho en llegar. Como era la hora de comer, las calles estaban prácticamente desiertas. De vez en cuando y para darle informalidad al asunto, hablaban entre ellos, pero Irene no participaba. Siempre había sido muy desconfiada, y aunque los chicos no lo supieran acababa de enviar un mensaje a un grupo de amigas, avisándolas de donde estaría y que sospechaba algo. Era algo exagerado, sí. Por si las moscas, tenía una navaja en el bolsillo secreto de la mochila, pero no creía que fuera capaz de sacarla con las manos temblorosas.
- Qué tal las notas? - le preguntó Julián con una sonrisa bobalicona. Aunque contestó con cortesía, sus ojos denotaban asco absoluto.
- Bueno, nada mal. Las tuyas supongo que estupendamente, no? - sonrió sarcásticamente. El interpelado soltó una carcajada.
- Claro que sí. Son las ideales para que me metan en Harvard, que quiero ser neurólogo - los tres chicos rieron con él. Irene los miró con desaprobación.
- Se puede saber que es todo esto? Tengo hambre, y he dejado colgado a Juan.
- Juan? Ese pirolo? Estás mucho mejor con nosotros - sonrió abiertamente Nicolás.
- Lo sabrás cuando tengas que saberlo. Es mejor que no nos vea nadie - Lucas le lanzó una mirada llena de significado. Sus amigos rieron estrepitosamente. Irene se paró en seco.
- Qué?
- Nada, tú tranquila - rieron
- Sí, me habéis tranquilizado muchísimo. Me lo decís aquí o me voy - deslizó casi imperceptiblemente una mano por su mochila y abrió un poco el bolsillo.
- Bueno, nos parece bien. Siéntate, siéntate - se pusieron en un banco. Lucas estaba a su derecha, y al otro lado Nico. Los dos restantes la miraban de pie frente a ella - Sabemos que tienes un secreto. Y queremos que nos lo muestres.
- Qué decís? - se hizó la tonta, pero tenía el horrible presentimiento de que lo sabía. Había escondido aquello durante quince años, y que la descubrieran justo ahora...
- Lo sabes perfectamente. Te vimos. Aquel día, en el parque. Eres especial, Irene - los cuatro la miraban expectante.
- Sí, vosotros también. Sois muy especiales - marcó mucho la última palabra con ironía, forzando una sonrisa poco convincente.
- Esconderemos tu secreto - dijo lentamente Iker - pero nos tienes que hacer un favor.
- A todos. - Nico rio de una manera muy macabra. Irene lo miraba, temblando. No era ni lo suficientemente fuerte como para apartar a Julián, el más enclenque de todos. Dos lágrimas silenciosas le cayeron por las mejillas. No sabía si era parte del plan o no, pero Lucas le pasó el brazo por encima de los hombros y la abrazó.
- Sois idiotas. Dejadla - Irene no pudo evitar sonreír a la vez que lloraba. Miró con súplica a Iker, pero el permanecía impasible.
- Es una abominación! Somos buenos al pedirle solo eso y no que la metan en un laboratorio para hacerle pruebas y meterle tubos por todos sus orificios - al oírlo, Irene sollozó en silencio. Lucas la apretó más fuerte. Era cálido y fuerte, y aunque sabía que solo era una técnica de los chicos para ablandarla le encantaba estar allí, junto a él.
- Pues es la abominación más bonita que he visto - o fingía muy bien o era sincero. Irene sonrió temblorosamente. - Y que más da que tenga un pequeño problema? Es inteligente y agradable - Era guapa, eso no se podía negar. Aunque tuviera la cara un poco ancha, sus ojos eran grandes y de largas pestañas, su sonrisa tenía un brillo especial y tenía buenas curvas.
- Que conmovedor - masculló Julián. Eso no estaba previsto, se le notaba en los ojos - pero te recuerdo que ese bicho que estás abrazando te podría matar en cualquier momento - Lucas le ignoraba. Fue precioso y a la vez muy extraño. Cuando Irene le miró a los ojos, él la besó. Al momento el chico rio y le susurró.
- Estás fría.
No sabía cuanto tiempo llevaban así, y tampoco le importaba que los chicos los miraran, pero llegó un momento en el que Lucas se quedó rígido. Irene se despegó de él y al verlo ahogó un chillido. La mitad de su cara se había vuelto hielo puro, y poco a poco también lo hacía el resto de su cuerpo. Lucas intentó gritar, pero la lengua se convirtió en un polo dentro de la boca. Cuando se decidió a correr, sus piernas eran dos tubos azuláceos y rígidos. En menos de un minuto el cuerpo entero era una estatua tallada en hielo.
Irene sonrió entre dientes y giró sobre sus talones para mirar a los chicos, que la observaban estupefactos.
- Con qué me queríais chantajear? Empezamos cuando querais. Quien quiere un besito? - les guiñó el ojo antes de recoger su mochila y enviarle un mensaje a Juan, para que la esperara mientras le alcanzaba. Mientras apresuraba el paso hasta le dio pena congelarle la chaqueta tan bonita que llevaba al chico. Probablemente le había costado mucho a sus padres.
Irene sonrió entre dientes y giró sobre sus talones para mirar a los chicos, que la observaban estupefactos.
- Con qué me queríais chantajear? Empezamos cuando querais. Quien quiere un besito? - les guiñó el ojo antes de recoger su mochila y enviarle un mensaje a Juan, para que la esperara mientras le alcanzaba. Mientras apresuraba el paso hasta le dio pena congelarle la chaqueta tan bonita que llevaba al chico. Probablemente le había costado mucho a sus padres.
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