Carolina.
- Que chica más guapa aquella - dijo Alberto, con la mirada quieta en la entrada del local. Carolina se giró y escrutó el rostro de la muchacha. No pasaría de los veinte años, y por sus pintas era tan abierta como lo estaban sus piernas. No llevaba ni cinco segundos en el local y ya le había guiñado el ojo a dos chicos y se había subido un poco el vestido ya de por sí minúsculo.
- No es mi tipo - gruñó mientras se volteaba de nuevo y se ponía a jugar con la botella de su cerveza.
- No me dirás que no es guapa. - Alberto abrió los ojos de una manera exagerada.
- Guarra si, guapa no.
- No estarás celosa. - Eran mejores amigos desde que tenían memoria, pero nunca sintieron nada por el otro, aunque a veces tonteaban cuando les convenía. Carolina soltó un bufido y entrecerró los ojos.
- Al contrario, estaría encantada de que te fueras con esa puta toda la noche y así me dejaras en paz - se puso bien el bolso con altanería. El chico rio entre dientes.
- Me quieres y se te nota.
- Te quiero, si, bien muerto - le miró con desafío. Alberto no debería haber estado sorprendido. Acababa de cortar con su novia hace unos días y desde entonces bebía mucho. Y ese era el resultado: mal humor y sarcasmo, que siempre cobraba con él.
- Me gustaría verte a ti si yo no estuviera. Probablemente, estarías encerrada en tu casa gimoteando, susurrando mi nombre - Carolina levantó las cejas y sonrió.
- Estaría en casa, gimiendo también, pero diciendo tu nombre eso sí que no - soltó una carcajada. Tenía ingenio, eso era innegable - Quieres que te consiga una cita con esa chica?
- No la quieres para ti?
- Me parece que voy a pasar de las chicas durante un tiempo. Son demasiado complicadas.
- No es que sean complicadas, es que tu las estresas y acaban con ganas de matarse - sonrió Alberto. El comentario ofendió a su amiga.
- Buf, dice el señor perfecto de las relaciones. Cuando fue tu última relación que durara más de dos semanas? La de tu perro contigo no vale - pidió dos cervezas más con un gesto de mano - Me parece que de gay tendrías más futuro. No gustas a las chicas.
- Ni tu tampoco.
- Más que tú si. Mírame, estoy buenísima. Y tu aún vives con tu madre y lees cómics para dormirte - le sonrió con picardía - Conozco a un par de negros que estarías dispuestos a quererte como ninguna mujer lo ha hecho. Solo me tienes que dar la señal y ya estarán en tu casa. - Alberto la miró, horrorizado. Al ver la expresión del chico, Carolina estalló en carcajadas.
- Me parece que deberías ir al psicólogo. A lo mejor si te atan a una silla se te pasa la locura - dio un largo trago a su cerveza.
- Si me atan a una silla... - el chico la miró con severidad. Ella se mordió la lengua - Vale, vale. Mister Estrecho no quiere oír como es la vida de la gente que no cuelga de la teta de su madr....
- Te puedes callar? Me estresas - la miró con reproche y se quedó callado. Carolina le miró unos instantes.
- He herido tu orgullo? Ay, que el niñito se pone de morritos - sonrio, pero al ver que Alberto seguía callado cambió de actitud - Enserio te gusta esa chica? - tardó en contestarle, ya que se hacía el ofendido, aunque cuando se dio cuenta de Carolina no cedería lo dijo.
- Si.
- Espérame aquí.
Al ir a andar con la mujer, Alberto percibió que, accidentalmente o no, Carolina llevaba la blusa con un botón desabrochado más de lo normal. Sería muchas cosas, pero ella siempre conseguía lo que quería.
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